...Helechos Hélène...

"Are you sensitive, intelligent, anxious or a little lonely? Neurotics Anonymous are a lively, mixed group who believe that the individual is unique. Details s. a. e., Box 8662. "
62/Modelo para armar, Julio Cortázar
Tanto tiempo intentando no ser fría, tantos años escuchando que soy arisca, esforzándome por librarme de ese estigma, consiguiendo que los gestos cariñosos me salgan naturales (depende de con quién, siempre depende), olvidando el pudor, la sensación de vulnerabilidad que conlleva una caricia y todo para venir a darme cuenta de que era más fácil de la otra forma, más cómodo. Conseguir que al erizo se le den la vuelta las puas y sólo se claven para adentro y ver que mostrando lo blando no consigues nada.
Que tenga que venir Hélène para mostrármelo (sólo cambiar una "a" por una "e" y un par de acentos y es como mirarse en un espejo), que tenga que ser ella, desde esas letras impresas en papel de baja calidad, la que me enseñe quien soy, la que me muestre lo que he estado negando.
Abandonarme, dejarme llevar por esta resaca que me mece y me arrastra a lo inevitable, no me apetece contradecirme más, criar costra, capas, callos para estar lejos de lo que duele, tejidos algodonosos, aislantes, pantalla de gestos, movimientos de manos y miradas contundentes para esconderme detrás.
Dejarme llevar a los helechos...
Helechos Hélène...
Que tenga que venir Hélène aunque ella sea el orden y yo el caos.
Que tenga que venir Hélène aunque no haya un Juan, o si lo hay es tan poco importante que no tiene nombre, que no tiene unas manos, una boca o una mirada (importan los otros, los que no son Juan pero tienen ojos).
Ser el negativo de Hélène y en su negación tan ella misma aunque duela, reconocerse en ella, en lo dejado atrás, en lo que se rehuye.
Hélène encarnación de miedos, espejo, Hélène yo.
Hélène la solución, lo fácil, Hélène repudiada para luego ser echada de menos.
Hélène hija pródiga escondida en un rincón, aún dentro, quizás irrecuperable.
Hélène miedos a mis más oscuros instintos, deseos.
Hélène y los helechos.
Helechos Hélène.
Helena.
Hélène sofocada.
Meses de rumiar a Hélène hasta convertirla en una rama verde, helechos saliendo de la boca, esporas brotando por la nariz, más espirales en las puntas, helechos, espirales, el número de oro y Hélène y yo y otra vez los helechos y la espiral siempre.
Escupir a Hélène para poder contemplarla de frente, para poder ver sus ojos y su sonrisa: La sonrisa de Hélène, ese animalillo sinuoso, y sonreirle de lado, como yo también se hacer.
Mirarme al espejo, los ojos inyectados en sangre, y Hélène resbalando sedosamente al borde de las pestañas.
El misterio de Hélène, eso que no tengo, eso que proyecto, eso que se me escapa entre los labios, deshaciéndose en cada palabra que digo, en lo que cuento, en cuando cuento. Lo suficientemente críptica como para esconder a Hélène entre los pliegues, para que se regodee y se asome como un fantasma, como un resto de la niña arisca, como un resto del animalillo sinuoso que se revuelve al intentar atraparlo aunque sólo sea para un beso, aunque sólo sea para un abrazo.
Y aún así, saber que Hélène no es más que una metáfora que ni yo misma me creo.
Hélène se descascarilla y se cae.
Hélène piel de cebolla quebradiza.
Hélène el miedo, la caja de Pandora.
Hélène la excusa.
Sentirme Hélène en ese mismo rechazo que produce, y no me lo creo, artificio, autoconmiseración (esa palabra...), este tono tan dramático que en el fondo es un consuelo, como Hélène misma, me parto en dos, me rechazo al reconocerme y me repudio, por otro lado: Bálsamo Hélène por estar lejos, bálsamo Hélène por lo distinto.
Helechos es el pelo, el mar Hélène, la playa Hélène y yo mirando desde fuera, orgullosa en mi pedestal, Hélène abajo y yo arriba, estúpidas ínfulas.
Hélène el NO.
Pero no me lo creo, no, nada me creo, ni a Hélène, ni a mí, ni a los helechos.
Helechos Hélène.
Helena
Que tenga que venir Hélène aunque ella sea el orden y yo el caos.
Que tenga que venir Hélène aunque no haya un Juan, o si lo hay es tan poco importante que no tiene nombre, que no tiene unas manos, una boca o una mirada (importan los otros, los que no son Juan pero tienen ojos).
Ser el negativo de Hélène y en su negación tan ella misma aunque duela, reconocerse en ella, en lo dejado atrás, en lo que se rehuye.
Hélène encarnación de miedos, espejo, Hélène yo.
Hélène la solución, lo fácil, Hélène repudiada para luego ser echada de menos.
Hélène hija pródiga escondida en un rincón, aún dentro, quizás irrecuperable.
Hélène miedos a mis más oscuros instintos, deseos.
Hélène y los helechos.
Helechos Hélène.
Helena.
Hélène sofocada.
Meses de rumiar a Hélène hasta convertirla en una rama verde, helechos saliendo de la boca, esporas brotando por la nariz, más espirales en las puntas, helechos, espirales, el número de oro y Hélène y yo y otra vez los helechos y la espiral siempre.
Escupir a Hélène para poder contemplarla de frente, para poder ver sus ojos y su sonrisa: La sonrisa de Hélène, ese animalillo sinuoso, y sonreirle de lado, como yo también se hacer.
Mirarme al espejo, los ojos inyectados en sangre, y Hélène resbalando sedosamente al borde de las pestañas.
El misterio de Hélène, eso que no tengo, eso que proyecto, eso que se me escapa entre los labios, deshaciéndose en cada palabra que digo, en lo que cuento, en cuando cuento. Lo suficientemente críptica como para esconder a Hélène entre los pliegues, para que se regodee y se asome como un fantasma, como un resto de la niña arisca, como un resto del animalillo sinuoso que se revuelve al intentar atraparlo aunque sólo sea para un beso, aunque sólo sea para un abrazo.
Y aún así, saber que Hélène no es más que una metáfora que ni yo misma me creo.
Hélène se descascarilla y se cae.
Hélène piel de cebolla quebradiza.
Hélène el miedo, la caja de Pandora.
Hélène la excusa.
Sentirme Hélène en ese mismo rechazo que produce, y no me lo creo, artificio, autoconmiseración (esa palabra...), este tono tan dramático que en el fondo es un consuelo, como Hélène misma, me parto en dos, me rechazo al reconocerme y me repudio, por otro lado: Bálsamo Hélène por estar lejos, bálsamo Hélène por lo distinto.
Helechos es el pelo, el mar Hélène, la playa Hélène y yo mirando desde fuera, orgullosa en mi pedestal, Hélène abajo y yo arriba, estúpidas ínfulas.
Hélène el NO.
Pero no me lo creo, no, nada me creo, ni a Hélène, ni a mí, ni a los helechos.
Helechos Hélène.
Helena


Qué bien te entiendo... y que rabia me da... por ambas...
Te invito a un café, he redecorado la casa ;-)
cuánto tiempo, y así, vaya.
Hola, cuanto tiempo... Espero que el mundo te haya tratado bien en la ausencia, y que la culpas y quejas que echas sobre una e y dos acentos (o tildes para los puritanos) sean fruto de una visión sesgada.
Houidini: Hay que aprender de Hélène aunque sea como un arañazo, como un desgarro, los helechos me envuelven.
El café solo y con dos de sacarina, gracias ;)
Un besito, guapa.
Manuel h: Sí, tiempo, ermitaña, desintoxicación de internet, de casa sombría, de autobuses abarrotados, de cervezas en la alameda, de fumar en pipa a deshora, de ellos, de todos, de mi misma. Y así, pero así es bastante mejor de lo que parece: hablo de Hélène porque por fin acabé de digerirla, al menos lo suficiente como para poder hablar de ella, llevaba desde abril con un helecho en la garganta.
Besitos.
Equilibrio: He estado bien, aletargada, alejada, lamiéndome las heridas, tomando conciencia de mi misma y mis detalles...
No me quejo: nos expongo a Hélène y a mí frente a frente y nos dejo hacer de manera instintiva, nos me gustan las visiones sesgadas, mejor la amplitud de miras.
Un beso
Creo que soy igual de frío que tú, supongo q somos una raza aparte... pero no por ello somos vulnerables, ni mucho menos más fuertes.. simplemente todo va por dentro y no quiere salir..
1biko desde un barco pirata
me ha gustado mucho, hacía tiempo que no leía un post largo aquí.
besiños.
Aish me apunto al cafelito Houdini jejeje Y yo tambien la entiendo mu requetebien...grrr
Besitos multiples
Pacheco: Bienvenido al nenúfar!
No soy fría, eso es lo peor, dejé de serlo y me quedé en una especie de tierra de nadie, ahora sólo soy fría con quien y cuando no debo, cuando quiero ser de otra forma, complicado, completamente de acuerdo: ni vulnerable ni fuerte.
Un besito y vuelve cuando quieras.
Siloam: Sí, el nenúfar esta algo descuidado últimamente, pero a ver si se acaba la desidia y cambio el cuaderno por el teclado.
Un besote.
Kaperucita: Ea, pues ya somo tres, tú como lo tomas?
Un beso grande, guapa.
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