lunes, mayo 01, 2006

...¿Qué cerveza se beberá en A Coruña?...

Hello?
Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone at home?
Come on, now,
I hear you're feeling down.
Well I can ease your pain
Get you on your feet again.
Relax.
I'll need some information first.
Just the basic facts.
Can you show me where it hurts?

There is no pain you are receding
A distant ship, smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can't hear what you're saying.
When I was a child I had a fever
My hands felt just like two balloons.
Now I've got that feeling once again
I can't explain you would not understand
This is not how I am.
I have become comfortably numb.

O.K.
Just a little pinprick.
There'll be no more aaaaaaaaah!
But you may feel a little sick.
Can you stand up?
I do believe it's working, good.
That'll keep you going through the show
Come on it's time to go.

There is no pain you are receding
A distant ship, smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can't hear what you're saying.
When I was a child I caught a fleeting glimpse
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone
I cannot put my finger on it now
The child is grown, The dream is gone.
I have become comfortably numb.

Comfortably numb, The Wall, Pink Floyd


...Cantaba y guitarreaba alguien descalzo y con rizos por la tarde en el parque. Arriba, golondrinas, palomas, una pareja de periquitos depredadores, un naranjo enorme y un rectángulo de azul enmarcado por los pliegues de los brazos...



Midiendo desde allí, verde
Allí, donde el verde es, debe haber helechos, pienso.
Quizás no haya nenúfares, eso lo sabe bien Óscar Niemeyer (allí también hay verde, pero es otro, más carnoso y más denso).
Ahora sé que allí recuperaré la voz y seré de nuevo, puede que muy otra, enredada en helechos, moluscos y cefalópodos translúcidos y fluorescentes, pero estará bien por lo otra, por la piel nueva que hay que quitarse a tiras, capa a capa, en el día a día. Aquí, ciudad-cuaderno de ceros y unos, ya me queda muy poco que quitar.
Tengo los pies teñidos de naranja y la boca con sabor a carne cruda y tabasco (también a tabaco), pero la torre de Don Fadrique y el cielo pintado mitad gris mitad ocre, diagonal izquierda-derecha, sentido ascendente (allá por donde queda el este respecto de la línea larga y verde que es la Alameda en los planos de la ciudad) han merecido la pena... saltar el murete, la oku-pasión de la azotea huérfana, el sofá de espirales oxidadas (uzumakis), el vino derramado, y los cuatro pares de pupilas dilatadas pero ciegas.
Son las siete de la mañana, probablemente estoy borracha (a pesar del calor "se nos ha estropeado el aire acondicionado" y los vasos de agua con hielo), por eso escribo, por eso vuelvo aunque sea poco, pero soy precaria, may day, puma-rejo, y sé que las letras seguirán apelmazadas en la punta del bolígrafo hasta que esté allí, lejos, inundada de verde y tan sola que sólo pueda gritar con las yemas de los dedos apoyadas en el teclado.
Necesito leer, subrayar con el lápiz magenta, antiguo, faber castel karmine hell-light carmine 9201 127 (el que compramos ese día, los granizados de café y los ojos azules), hasta que me venza el sueño esquivo, no hay "pasifloras", ni "valeriana kneip", ni adormideras silvestres (transilium aún no uso).
Tengo miedo, en cuatro días corrección de proyectos (corrección de mí misma, de un apéndice tan yo), contarle a la homeópata (casi confesora, casi psiquiatra) todo lo que me pasa... pero no sé qué me pasa.
Cambiar de hábitos, dejar el café, fumar flores, otra cosa, no sé... también muda, ya he dicho que la voz volverá cuando llegue arriba, casi en línea recta, un poquito en diagonal derecha-izquierda...

Está amaneciendo...

viernes, septiembre 09, 2005

...Balance de pérdidas y ganancias...

¿Y qué me importa si te marchas mañana?
¿Y qué más da si no te vuelvo a ver?
Pegando brincos me iré como una rana,
y en los nenúfares me aposaré...
y en los nenúfares me aposaré...
y en los nenúfares me aposaré...
y en los nenúfares me aposaré...

Sucio, miro suave y luego rompo;
en calma, escupo semen y más semen.
Miro suave y luego rompo;
en calma, escupo semen y más semen.

Paso las horas sin hablar,
menos a veces, que me vuelvo loco,
y mi cabeza, ¿dónde está?
la estoy perdiendo de poquito en poco.
Y al sonreír me has hecho otra vez soñar,
no podía resistir esta puta relidad,
y harto ya de vivir,
por dentro empezó gritar
y nunca nadie ya oyó
decir ni una palabra más.

Sucio, miro suave y luego rompo;
en calma, escupo semen y más semen.
Miro suave y luego rompo;
en calma, escupo semen y más semen

Posado en un nenúfar, ¿Dónde están mis amigos?, Extremoduro

Ha pasado un año intenso (como vienen siéndolo todos de un tiempo a esta parte) desde que abrí el blog, desde que la idea que me venía rondando se materializó (si se puede llamar materializar a esto que en el fondo sólo son ceros y unos).
A pesar de ello sigo sintiéndome un elektroduende incomprendido la mayor parte del tiempo.
Sigo sintiéndome segura cada vez que escucho, o recuerdo, o sólo intuyo la canción "Posado en un nenúfar", más ahora que sé que dura 2 minutos y veintidós segundos (tenía que ser esa).
Sigo emocionándome con las canciones y los libros más de lo políticamente correcto.
Sigo soñando y contaminándome de los sueños pero ahora hasta mis pesadillas me resultan interesantes.
Sigo con mis adicciones al café y a todo lo amargo y con mis fetichismos (algunos confesables y otros no).
Sigo siendo escéptica a temas amorosos pero ya no estoy ni desilusionada, ni rabiosa, ni me arrepiento de ser como soy, ni me molesta ver a las parejas besándose por la calle. Es una incredulidad cómoda, nada más, al final parece que sí aprendí a blindarme.
Sigo en la misma casa donde afloran los hongos, los cánceres y las enfermedades pero aprovecho hasta el último rayo de sol que entra por mi ventana.
Sigo siendo caótica pero al menos sé que hacer para poner algo de orden en mi vida.
Ha pasado un año y mis tripas han dejado de estar enfangadas en un cieno negro y espeso: ya no vomito petróleo.
Mi corazón ha dejado de vivir en mi garganta para poder huir con más facilidad y ha vuelto a acomodarse en el sitio correcto, está sonando.
Ya no siento que las palabras no dichas se me clavan como agujas mortalmente heladas, sé que al final las acabaré diciendo aunque sólo sea al viento.
He dejado de buscar siluetas conocidas en las calles infinitamente andadas, las antenas se me acabaron cayendo.
He dejado de recrearme en lo que me duele y he acabado recurriendo a una eficaz cuarentena musical que mantiene mi integridad sentimental a salvo. Recorro espirales continuamente pero ahora de dentro a fuera, ya no son autodestructivas.
Gracias a desgranar mis palabras por aquí de vez en cuando he ganado gente a la que de verdad quiero por encima de todo lo demás.
He hecho viajes que no me esperaba en varios planos, unos físicos, otros psíquicos y otros...
He compartido películas que de otra forma no serían las mismas.
He leido libros que ahora me resulta impensable no conocer (conocer, sentir, vivir...).
Me he emocionado.
Me he aburrido.
He tomado cafés entre paredes de distintos colores. Y mates, y algún té.
Me he sentido un poquito menos rara.
Me han hecho regalos que van más allá del mero objeto.
He ganado manías excéntricas y peculiares.
He aprendido.
He perdido el pudor a que me lean y a que me encuentren, me he asumido como antes no había hecho, si bien, aún no hablo abiertamente de que me desnudo en las palabras, hay quien no lo entendería.
He podido compartir cosas inmateriales por el mero hecho de que creo en ello y me apetece.
He mejorado.
He crecido.
He sobrevivido.

domingo, septiembre 04, 2005

...Anestesia general...

Yo no digo I love you
quizás por pereza
por hastío
o por desidia
yo no tengo mal corazón
no le deseo mal a nadie
os tengo que confesar
que echo fuego por la boca
estoy frito patrón
yo no digo I love you
pero no por fashion
yo no digo I love you
porque tengo una cara de jaula
porque en lugar de canarios
tengo culebras mata ratas
yo no digo I love you
porque las mariposas me esquivan
porque los feligreses fueron a rezar
y yo me bebí el vieno del sacerdote
porque yo echo fuego por la boca
que no es a joker
que yo echo fuego por la boca
yo no digo I love you
porque no cuento chistes malos
porque no cometo asesinatos perfectos
porque no creo en los superhéroes
ni en las familias numeradas
con número rojos
yo no digo I love you
porque soy el terror
diosa esmeralda
gran Buda
Mohamed
Mr President
yo soy el terror
mastico los huesos debajo de la mesa
me como el agua como los lobos
nací de un carroñero que vino de París
yo soy el terror
no digo I love you
porque busco la raiz cuadrada
de la extinción
el logaritmo de lo estéril
la suma de la soledad
y el abandono
el teorema de la virgen
porque busco la división
de las riquezas
la multiplicación de los peces
conseguir la cifra adecuada para aniquilarme
en esta ruleta rusa.

Yo no digo I love you, El niño carajaula, Pablo Bouzada
Resaca post-boda, post-noches, pre-exámenes, cansancio. Hiperactividad mental, insensibilidad sentimental, agotamiento físico.
Una especie de inapetencia generalizada, puede resultar que lo que creía que me importaba, en realidad lo hacía menos... o no sé, no es muy normal que depronto todos los colores se hayan ido, y sólo me queden las ampollas en los dedos maltratados por los zapatos de tacón, esos que seguramente no me volveré a poner y que ni siquiera he subido a casa, siguen en el patio.
No siento, recuerdo como ayer hablabamos de las langostas arrojadas vivas al agua hirviendo, pensé que no deberían darse mucha cuenta, hoy soy una langosta con pies maltratados, dolor de cabeza y la boca amarga.
Cuatro noches, consecutivas, hilvanadas, cogidas de la mano, formando un extraño grafo en zig-zag (arriba, abajo, arriba, abajo), volvería a dormirme aunque fuera boca arriba y el calor... pero no puedo, la cabeza que no tiene nada que ver conmigo, la que no siente, hierve, da vueltas y rezuma no se sabe que tipo de incongruencias que resultan ajenas, la cabeza, porque yo sólo pienso en cortarme los pies a la altura de los tobillos (puta boda, con su cura pop, su barra libre y su música para anestesiar conciencias).
Ellos dicen I love you, y el altar y el velo de tul ilusión, pero yo no porque los monstruos para dar más miedo tiene que estar solos, ni al chico con rastas y una sola neurona, ni al intelectualoide fan de los Rollings, ni a los fantasmas del pasado y del presente, ¿para qué?
Todo está desvirtuado, todo esta podrido, incluso este nihilismo que no sé ni de donde me viene (sólo estoy cansada y tengo calor).
Me releo y me hago gracia, no sé como siempre parece que estoy hundida en una especie de caldo negro y espeso del que no sé salir, cuando no es verdad, sólo estoy procesando la información de tantas noches durmiendo poco, dejando que mis pies palpiten hasta volver a su tamaño original, dejando que mi voz que se ha roto vuelva, ¿para qué la quiero así si no soy Janis? (En ningún caso soy ella, en ningún caso soy una perla, en ningún caso acabar así...)
Sólo necesito un rato de lamerme las heridas y notar ese sabor metálico en la lengua para luego simplemente seguir adelante. Me miro y me sonrío con esa ironía que sólo me sale de verdad bien para mi misma, qué pena que a los demás no les pueda regalar dosis de este sabor agridulce de vez en cuando, esto también será cuestión de práctica.
Aún así tengo los ojos rojos pero secos y no me gustan los lazos de celofán ni los besos de plástico, y todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar, y empiezo a desvariar, será que tengo hambre porque mi estómago me dice algo que no logro entender, en esto de no sentir no todo son ventajas...

martes, agosto 30, 2005

...Crónica de una timbalada anunciada...

Yo seguiré mirando al cielo... 28-Agosto-2005

Simplemente lejana, ajena, en este mar de cuerpos en movimiento, insolidarios en sus estertores, lejos.
Las luces interfiriendo. Los haces horizontales del faro compitiendo con la hoguera, las pavillas, las luciernagas de humo que brotan de las bocas, las menudas linternas, los mecheros, los distintos fuegos robándose protagonismo, las estrellas, la vía láctea que me da miedo, su grandeza, su estatismo... debajo el mar, los cuerpos que bullen, que hunden el peso de sus pies en la blanda arena.

Repito, estoy lejos, envuelta en el pareo naranja que resbala sobre los hombros, el naranja que lo inhunda y lo empapa todo.
Puedo dormir o no, puedo llamar por teléfono o no (Merchi debería estar aquí y por eso su voz reconforta, se nos amargaría la boca pero todo estaría bien).

Me queda la inmensidad encerrada: occipital, frontal y parietales, lo demás sobra, todo menos el café y los 22 minutos, eso no. En la pecera de detrás de mis ojos cabe el mundo, caben ellos y las gigantescas hojas de nenúfar de la casa de Óscar Nieméyer, cabe la luna que no veo en el cielo y África que está más cerca que mi casa, y que los días dictadores...
Y yo no sé ya ni qué escribo ni si lo descifraré porque las hogueras no alumbran bastante, y estoy cansada de echar de menos y no echar de más, cuando lo que quiero es no echar, mantener, y no es posible que no se me ocurra un antónimo mejor (que suena a Antonio, y los días de radio, y a lo que no pasó, lo que no fue y mejor así...). Esta puta frase que me quema en la lengua y me dice que aquí no hay tiempo ni tampoco hay calles, y la calle de Nunca Jamás se me perdió como el Maestro Hora y Casiopea (que para mí fue Sonia, el galápago que tomaba el sol, comía jamón york y se intentaba suicidar desde la encimera de la cocina).
El cuaderno quema, y el bolígrafo araña, y a pesar de todo me gusto y soy feliz, eso es peligroso pero no importa porque hay estrellas, mar y arena y yo, mis pensamientos y nada más...
Ver, no veo nada, sólo ando y... intuyo, los pies, la gente, la arena a distintas temperaturas, el faro inmutable a lo lejos. Las plantas de mis pies indefensas frente al plástico crujiente, desubicado, escondido, que revela su cruel naturaleza. Los timbales amnióticos, cardiacos, viscerales. El fuego que se apaga y renace continuamente, cíclicamente. El rasero horizontal del faro midiéndonos a todos, marcando la pauta. Constante temblor, frío y ganas de fumar.
"Illa, te estás yendo de loca"... mi cuaderno es todo, es la noche que se deliza en estas letras que hoy casi parecen árabes, que casi parecen venir de la costa, reguero de luces naranjas, que tenemos enfrente.
Olores estratificados, a humo, a sudor, a mar, en el fondo todos son el mismo, primigenios, ancestrales...
La nebulosa de humo y nosotras dentro, las siluetas de la gente como de carton piedra contra el gris azulado de la bruma, el tabaco y el hachís, las hogueras y las bocas vomitando hacia la majestuosidad del cielo, las estrellas distantes, la humedad y el vapor de los cuerpos espesando la neblina artificial, salada, intensa que nos envuelve...

Las palabras gotean de distintos lados confundiendo los oidos, los timbales se diluyen de puro monótono, de lejos alguien canta, luego se calla y su misma voz, desdoblada y distinta vuelve como un eco disperso que imita el movimiento de las olas cercanas entre nosotros. Las brasas siguen reafirmándose en su naranja intenso, brillan velas en la arena, magnéticas, pequeños puntos de luz trémulos.
Me engancho, me engancha, ¿seré capaz de descifrar...? quiero y no veo, quiero tanto, quiero olvidar la punta del lápiz que no sé si está rota y el cuaderno, no hay bolígrafos negros hoy.
De pronto ligar es fácil, el sexo es fácil y ellos son fáciles pero no tengo ganas y me desaprovecho, ya sé lo que me sentaría bien y lo que Merchi me diría que debo hacer pero no tengo ganas, ¿y dónde se han ido las putas ganas que siempre me asaltan cuando quiero dormir pero estoy sola?. Ahora no están, sólo las velas en la arena y las brasas volando, mariposas nocturnas incendiándose.
No somos las únicas en darnos cuenta de que la luna se asoma por el horizonte, África delante, a nuestra izquierda una sombrilla solitaria con brillos azules simula ser una seta deslumbrante, psylocibina que no hay, saborear por un instante, en el tiempo de cristalizar el recuerdo, el sabor a niñez, la puerta sigue abriéndose fácilmente sobre sus goznes engrasados, la anémona azul no aparece en las candelas danzantes, cuernos de ciervos amarillos brotando de la arena... de nuevo los sonidos primitivos revolviéndose con las brasas, la arena y el cielo, una y otra vez... el tiempo se ha parado, hay coágulos, la arena de playa se atasca en la sobrenatural clepsidra, la arena... claro, tonta...
En la playa no hay helechos, sólo la arena que se escurre entre los dedos, que incluso cerca del fuego esta fría, el tiempo que se va. Ya no digo adios, me aburre...
De repente levanto la vista, sonrié, no entiendo, me mira, definitivamente me acabo de perder algo...
Después de todo, hacía años que no veía Orión brillando de esa manera, con eso me quedo.

En los Caños de Meca, la madrugada del 27 al 28 de Agosto

miércoles, agosto 24, 2005

...No soy masoquista: sólo tengo insomnio...

Me hacía daño al masturbarme y aún así no podía parar: un orgasmo rojo, enorme y casi sólido, doloroso, herido, brotaba entre mis piernas desgajadas. La boca abierta, muda, la grotesca mueca tan El Grito de Eduard Munch, la tensión en las mejillas, la mandíbula contraída en una expresión angustiosa... Repetía con una sonrisa cínica que como yo me toco no me toca nadie, y a veces no es verdad, pero es sólo un problema de flexibilidades.
En el último estertor de concupiscencia pude ver pasar en un segundo, como en una película, de la forma absurda que dicen que ocurre antes de morir (el éxtasis puede ser una curiosa forma de pequeña muerte, de dulce abandono), no los mejores momentos de mi vida, pero sí todos los dolorosos placeres (no sexuales pero si oscuramente morbosos) que me he ido infringiendo a lo largo de los años.
Los fotogramas de mi vida aparecían con una nitidez que hacía sentirlos casi ajenos. Pude verme, tan pequeña, cosiendome la piel de las palmas de las manos para luego tirar del hilo, de ese hilo que era verde y grueso y yo ponía doble sistemáticamente, el costurero de mimbre con la tapa de plástico roja y la tijera plegable. Nunca mis padres vieron las heridas, las palmas de mis manos en carne viva, mis dedos de sabor metálico.
Luego, una "yo" mayor vertía cera caliente en sus manos casi sin mirar, dando margen al azar para que cayese donde quisiera, esperando, contraida, que salpicase las uñas, ese dolor como una presión intensa, ese dolor tan peculiar, y los olores a frutas de las velas aromáticas de mi madre mezclandose con el calor en la piel y el enrojecimiento pasajero.
Recordé cuando yo misma agujereé mis orejas por primera vez, sin hielo, sin miedo, en el sopor y el aburrimiento de una siesta que antes nunca conseguía dormir. Y volví a hacerlo una y otra vez para luego dejar que los agujeros se cerraran tranquilamente (conservo cinco), sólo para oir el tierno crujido de la última piel al romperse, notar el minúsculo metal traspasando las diversas capas del lóbulo lacerado.
La depilación por deporte, mi nariz anillada, el ojo que aun casi palpita en mi mano (su textura rugosa está aún fresca en mi lengua)...
Y luego, neurótica, encender la luz, patalear el edredón de Miró para zafarme de él, para buscar el cuaderno y un bolígrafo (negro, siempre tiene que ser negro) y escribir estas líneas que ni siquiera son rectas.
Son las 3:26 de la mañana y no me siento capaz de conseguir un 22 con estas tres cifras, pero sumándolas obtengo un 11 que no es mal número...
Tengo en el cuerpo sólo cuatro horas dormidas y dos cafés, oscuros, , pero el sueño es esquivo y recuerdo unas paredes que quizás no volveré a ver y una luz difusa y verdosa, húmeda.
Quiero echar de menos algo que no encuentro en mí, lo que de verdad echo de menos es mejor sofocarlo.
La casa pútrida ronca y pido a gritos escuchar We wish you were here, por enésima vez, como cada vez que me siento vacía y desorientada, o quizás prefiero escuchar a Janis, o cualquier cosa que ahogue los crujidos, bramidos y quejidos de la casa.
Morfeo tiene el reloj atrasado.

De águila a puma
te convertirás
mantendrás la mirada
y la suavidad en la piel
te crecerán los labios
las extremidades

los dientes
pero no las garras.


De chamana a puma, El niño carajaula, Pablo Bouzada

lunes, agosto 01, 2005

...Helechos Hélène...



"Are you sensitive, intelligent, anxious or a little lonely? Neurotics Anonymous are a lively, mixed group who believe that the individual is unique. Details s. a. e., Box 8662. "

62/Modelo para armar, Julio Cortázar

Tanto tiempo intentando no ser fría, tantos años escuchando que soy arisca, esforzándome por librarme de ese estigma, consiguiendo que los gestos cariñosos me salgan naturales (depende de con quién, siempre depende), olvidando el pudor, la sensación de vulnerabilidad que conlleva una caricia y todo para venir a darme cuenta de que era más fácil de la otra forma, más cómodo. Conseguir que al erizo se le den la vuelta las puas y sólo se claven para adentro y ver que mostrando lo blando no consigues nada.
Que tenga que venir Hélène para mostrármelo (sólo cambiar una "a" por una "e" y un par de acentos y es como mirarse en un espejo), que tenga que ser ella, desde esas letras impresas en papel de baja calidad, la que me enseñe quien soy, la que me muestre lo que he estado negando.
Abandonarme, dejarme llevar por esta resaca que me mece y me arrastra a lo inevitable, no me apetece contradecirme más, criar costra, capas, callos para estar lejos de lo que duele, tejidos algodonosos, aislantes, pantalla de gestos, movimientos de manos y miradas contundentes para esconderme detrás.
Dejarme llevar a los helechos...
Helechos Hélène...
Que tenga que venir Hélène aunque ella sea el orden y yo el caos.
Que tenga que venir Hélène aunque no haya un Juan, o si lo hay es tan poco importante que no tiene nombre, que no tiene unas manos, una boca o una mirada
(importan los otros, los que no son Juan pero tienen ojos).
Ser el negativo de Hélène y en su negación tan ella misma aunque duela, reconocerse en ella, en lo dejado atrás, en lo que se rehuye.
Hélène encarnación de miedos, espejo,
Hélène yo.
Hélène la solución, lo fácil, Hélène repudiada para luego ser echada de menos.
Hélène hija pródiga escondida en un rincón, aún dentro, quizás irrecuperable.
Hélène miedos a mis más oscuros instintos,
deseos.
Hélène y los helechos.
Helechos Hélène.
Helena.
Hélène sofocada
.
Meses de rumiar a Hélène hasta convertirla en una rama verde, helechos saliendo de la boca, esporas brotando por la nariz, más espirales en las puntas, helechos, espirales, el número de oro y Hélène y yo y otra vez los helechos y
la espiral siempre.
Escupir a Hélène para poder contemplarla de frente, para poder ver sus ojos y su sonrisa: La sonrisa de Hélène, ese animalillo sinuoso, y sonreirle de lado, como yo también se hacer.
Mirarme al espejo, los ojos inyectados en sangre, y Hélène resbalando sedosamente al borde de las pestañas.
El misterio de Hélène, eso que no tengo, eso que proyecto, eso que se me escapa entre los labios, deshaciéndose en cada palabra que digo, en lo que cuento, en cuando cuento. Lo suficientemente críptica como para esconder a Hélène entre los pliegues, para que se regodee y se asome como un fantasma, como un resto de la niña arisca, como un resto del animalillo sinuoso que se revuelve al intentar atraparlo aunque sólo sea para un beso, aunque sólo sea para un abrazo.
Y aún así, saber que Hélène no es más que una metáfora que ni yo misma me creo.
Hélène se descascarilla y se cae.
Hélène piel de cebolla quebradiza.
Hélène el miedo, la caja de Pandora.
Hélène la excusa.
Sentirme Hélène en ese mismo rechazo que produce, y no me lo creo, artificio, autoconmiseración (esa palabra...), este tono tan dramático que en el fondo es un consuelo, como Hélène misma, me parto en dos, me rechazo al reconocerme y me repudio, por otro lado: Bálsamo Hélène por estar lejos, bálsamo Hélène por lo distinto.
Helechos es el pelo, el mar Hélène, la playa Hélène y yo mirando desde fuera, orgullosa en mi pedestal, Hélène abajo y yo arriba, estúpidas ínfulas.
Hélène el NO.
Pero no me lo creo, no, nada me creo, ni a Hélène, ni a , ni a los
helechos.
Helechos Hélène.

Helena

martes, julio 19, 2005

...Un montón de palabras cogiditas de un papel...

¿Donde pongo lo hallado?
Cristalizar, precipitar, mmm...
Volver a la pluma (con tinta verde)
Me calaste hondo y ahora me dueles...

...

Soñé que montaba en bicicleta sin pedalear, la bicicleta era roja, lo demás azul. LÜminoso.

...

Siento que voy haciendo espeleología dentro de.

...

Noté que dolía, me di cuenta que desconcertabas, amargueabas (¿no me gusta el café con sacarina por menos dulce, el té y el mate sin azúcar, el regaliz, ahora la cerveza, ahora?).
Así que intenté (intento: propósito de enmienda) salirme del círculo central, saltar a un orbital periférico, ¡cobarde!

Tren, licor de guindas, ellos (alguno incluso sin haber estado).
En 62 también había un vagón de tren. Juego de reflejos en la ventanilla, los ojos... Helechos Hélène.

...

Yo sola, ebria, los pezones de punta, franceses borrachos, gatos negros sobre arena amarilla, salamandras noctámbulas.
Huelo, me gusta mi olor... no valgo para estar metido en un puré, me gusta mi sabor, ando solo por la calle... Tengo ganas de mear y masturbarme, casi ni llego a casa.

...

Subir, bajar, montaña rusa, pasar la vida subiendo y bajando de la nube, NO, eran trenes, autobuses, aviones, algún barco...
Blíndate, blind date (una fecha ciega marcada con tinta roja en el calendario).
Adios.

...

Quiero estar sola.
Quiero que se vayan.
No quiero sonreir.
No quiero hablar.
No quiero escuchar.
Está lloviendo.
Me gusta el olor.
Me gusta mi olor.
Helechos Hélène.
Verde de verdad.
HURAÑA.
(El erizo no se ha ido).
Sólo una palabra tuya bastará para sanarme

...

Todo en él era blando. No me gustan las cosas blandas ni los colores pastel ni los tonos neutros. La blandura no es sinónimo de ternura ni de dulzura, de hecho, había algo cruel en sus mejillas redondas, en su incipiente papada. Algo oscuro y sucio, casi siniestro en sus ojos pequeños rodeados de facciones deslavazadas y gelatinosas.
Grasiento, huntuoso, lubricante, para metértela mejor...


...

Eliminar los conceptos pobre, pobrecito, pena, culpa (aunque la culpa, que a ratos está ahí, no tiene una relación causa-efecto con mis actos).
Autocontrol-tila intravenosa.
No dejar que me mine, ella puede pero yo no la voy a dejar.

Respirar, si apenas necesito respirar y me salgo con la mía.
No callarme, NUNCA MÁS CALLARME.
Yo NO funciono por culpabilidades.
Yo NO juego a la doble moral de colegio de monjas.

...

La luz amarilla, cerúlea, esa que no le gustaba a Cri y por eso mismo él es, será siempre esa luz.
Fumar-sueño-lucidez repentina- sueños lúcidos (¿me miraré hoy las manos?).
Silbar, silbando.
La luz (otra vez), la farola, el patio... Borges.
Te estoy guiñando un ojo, te estoy sacando la lengua, ¿dentro o fuera?.
Qué pena que esa cama, ese trozo de cielo y esas estrellas difuminadas, nubladas no fueran hoy para mí...
¡Tirarlo, tirarlo a la basura!... y el grifo estaba abierto.
(Hablar de esos ojos verdes por pudor a hacerlo de esos otros).
Hand made, me siento rara.

...

A veces la saliva se vuelve dulce y densa, seminal, o viceversa... Fluye.

...

El balcón noctánbulamente naranja, la silla recortada sobre líneas horizontales.

...

Y pararme a escuchar sin apenas saber. El vientre, la presión, el vacío que no se llena, el vacío que se rodea con las pestañas, la concavidad que no se habita.
Las manos, la piel. Olor. La boca me sabe a sangre.
¿Dónde está mi lápiz verde? ¿dónde está mi lápiz denso? ¿dónde estoy yo? ¿dónde estás tú?
IS THERE ANYBODY OUT THERE??
¿Dónde irás? ¿dónde estaremos?
... tendrás largas tardes de aburrimiento, de ginebra y cigarrillos bajos en nicotina (...) Llámame cualquier día, ¡hay que ver cómo es la vida!, ¿dónde estarás?...
Aparecer (simplemente), cambiar los gestos de la boca que ya voy conociendo (la mirada no, la mirada mejor impenetrable, mejor inaccesible).
¿Pero tú qué piensas? ¿y qué si te pregunto? ¿y qué si mi lengua...? ¿y qué si tú dentro...?
Dormir en un colchón, cambiar piedras por muelles.
Quitarme esta venda.
Sigue buscando.
TRY AGAIN-INSERT COIN-IF YOU WANNABE HAPPY, PAY FOR IT.
Escaparme.
Raro, no digo diferente, digo raro.
...

Ahora que apenas quedan ya hojas de cuadritos entre pastas duras, psicotrópicas, no se si es buena idea recopilar lo que eran palabras de verdad, trazos, más espirales que me rodean, algunas suenan raras con el baño de un par de meses, otras están cerca, el ordén cronológico no tiene sentido, al alcohol gotea.

Nota mental: En mis próximas borracheras me esconderé el cuaderno.